viernes, 31 de diciembre de 2010

Digale NO a la cañita pescadora

Brinden
Coman vitél toné
Rian a carcajadas
Hagan lo que quieran hacer, y no se arrepientan
Coman ensalada rusa
Brinden
Sonrian
Salgan
Diviértanse
Emborrachense
Festejen
Saquense fotos
No tiren muchos cohetes
Brinden de vuelta
Abracen a sus amigos y a la gente que quieran (Y diganle que los quieren)
Vuelvan a brindar
Fumen (si tienen ganas)
Escuchen música
Canten
Reciten villancicos (?)
Coman pan dulce, nueces y algunas avellanas...
Pasen una hermosa noche
Que todos sus días sean días de fiesta
En fin....
SEAN FELICES (Creo que de eso se trata todo)
Y que el 2011 nos encuentre más unidos que dominados...

domingo, 12 de diciembre de 2010

Poema en línea recta

Nunca he conocido a nadie a quien le hubiesen molido a palos.
Todos mis conocidos han sido campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de la formalidad,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que cuando la abrí fui más ridículo todavía;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos,
yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.

La gente que conozco y con quien hablo
nunca cayó en ridículo, nunca sufrió un insulto,
nunca fue sino príncipe -todos ellos príncipes- en la vida...

¡Ah, quién pudiera oír una voz humana
que confiese no un pecado sino una infamia;
que cuente no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez fue vil?
¡Oh príncipes, mis hermanos!

¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?

Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados -¡pero ridículos nunca!-
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que fui vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.

Fernando Pessoa


Gracias Maira por presentarme este texto

martes, 23 de noviembre de 2010

Una noche más ya no voy a dormir en tus brazos

Hoy, al igual que muchas otras veces, me toca agradecer.

Agradecer algo que, en primera instancia y para muchos de ustedes, puede resultar irrelevante y superfluo, pero que para mí es bonito, trascendental y profundo (Quizás no en ese orden)

Entre tanto egoísmo, entre tanta soledad amuchada, entre tanta sociedad ciega es, al menos agradable, verse reflejado en otra mirada. Así que no solo quiero reconocer ese gesto bonito, sino otro un poco más íntimo.

Desde este pequeño espacio intento retribuir de algún modo a aquellas personas que me permitieron dormir junto a ellas. Personas que, como si fueran guerreros se sacaron su escudo y su armadura delante mio, para hacer algo tan simple y tan profundo como dormir, ya sea en una cama, en un sillón, en un colchón, en el pasto, en una hamaca paraguaya, en cualquier rodado, en una silla, en el piso, en una estación de micros, en el banco de un parque o simplemente uno arriba del otro.

Como dice mi amiga Malena, son personas que nos rescatan, aunque sea temporariamente, del naufragio de todos los días.

jueves, 28 de octubre de 2010

¡¡¡Fuerza todos!!!

El dolor se dice callando*














*La frase es de Eduardo Galeano, pero se la tomo prestada por un ratito

martes, 19 de octubre de 2010

Medio pan y un libro

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.


Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.


Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?


¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida


Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.


Federico García Lorca
Locución al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada)
Septiembre de 1931


Gracias Macarena por hacerme conocer este texto!!!

lunes, 11 de octubre de 2010

Nada para festejar



Gracias a Puck que me indicó como configurar los videos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Revés al panza tu viendo estás vos!

soʌ sɐʇsǝ ɐʇlǝnʌ opɐp oɥɔǝɹǝp lɐ ʎoʇsǝ oY

domingo, 12 de septiembre de 2010

Un día después (después de vos) crucé los dedos...

Debo y quiero confesar que me seduce mucho más un comentario inteligente que un escote abultado.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El señor de los venenos

Comparada con el resto de las plantas mágicas, la marihuana es una gripe. Su veneno no es demasiado tóxico, y por tanto sólo actúa en condición de remedio piadoso. Existe otro problema con la marihuana: se ha convertido en una droga de diseño. Ya no son esas plantaciones salvajes que contienen la ponzoña de una serpiente de cascabel creciendo en los morros de Bahía, en Brasil, o de la sísmica yerba paraguaya. La marihuana comenzó a plantarse en cualquier sitio y por cualquier idiota estudiante de botánica. En las macetas de un departamento en San Isidro, en un jardincito en La Plata, en los fondos de la casa de la tía Adela. Estas marihuanas, efectivas pero domesticadas, han perdido la furiosa embestida con que las dotaba la tierra primitiva y la mano inequívoca del traficante. Nada que crezca en el jardín de la vida tendrá la efectividad de todo aquello que se desarrolla bárbaro y viril en la salvaje calle.
Así será todo: niños y plantas, colores y artistas, peleadores y perros. Todo lo que crece en el jardín desarrolla el tramado de los virus, la vida le ha sido expropiada y reemplazada por un plan, por un Ansia Cobarde. Actualmente nadie consume marihuana, fuman fotocopias. La cannabis sativa dejó de ser el maravilloso escalón que te transportaba inmediatamente hacia plantas más poderosas; se fue transformando a lo largo de los años en el mantel coqueto en que psicólogos y rastafaris, amas de casa y toda clase de gente adaptada sirve su porción de misterio para después contar con orgullo: "Nos fumamos un porrito".
Por otra parte, la marihuana ha comenzado a tener un notable índice de adicción. Lamentablemente, es una planta que se parece cada vez más a las pildoritas psiquiátricas con la que los médicos y psiquiatrones amansan la fiera dolida que se despierta en muchos de sus pacientes. El mejor argumento para defenestrarla lo ha aportado la casta médica de cierto estado del gran país del Norte: ¡muchos médicos recomiendan la marihuana como remedio para casi todos los males! Se trata del suicidio de una planta mágica. El té de los chinos es una clara demostración: de aquella poderosa fiera alucinógena ha quedado ese gatito ensobrado que tomamos cuando nos duele la panza.

Enrique Symns
(De "El señor de los venenos")

martes, 31 de agosto de 2010

Pienso... ¿Luego existo?

Realmente me molesta que me preguntes lo mismo cada día.

No digo que hagas lo que hago yo porque no soy ejemplo de nada, pero al menos intenta ser original, curioso o innovador (Como habrás notado los adjetivos antes mencionados no me describen).

En fin, me tenés harto, así que feisbuck...basta de preguntarme "¿Qué estás pensando?" (¿Acaso te creés René Descartes?)

domingo, 22 de agosto de 2010

Llamado por los malos poetas

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas malos.
Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España.

(Ahora España
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina,
y Rey del reino. España es un tablero
de alfiles politizados y peones
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novela en preparación.
Ah.. y los curricola,
y sus diez mil applys nos faltan.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Se necesitan Betos, Titos, Carlos
que escriban poemas. Alejandras y Marthas
que escriban. Nombres para poetas,
anagramas, seudónimos y contraseñas
para el chat room del verso se necesitan.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

Una poesía por las calles (venid a ver
los versos por las calles...)

Una poesía cosmopolita (subid a ver
los versos por la web...)

Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver
poesía en el pesebre del amor...)

Una poesía explosiva: etarra, ética,
poéticamente equivocada.

En los papeles, en los canales
culturales de cable, en las pantallas
y en los monitores, en las antologías y en revistas
y en libros y en emisiones clandestinas
de frecuencia modulada se buscan
poetas y más malos poetas:
grandes poetas celebrados pequeños,
poetas notorios, plumas iluminadas,
hombres nimios, miméticos,
deteriorados por el alcohol,
descerebrados por la droga,
hipnotizados por el sexo idiotizados por el rock,
odiados, amados por la gente aquí.

En las habitaciones se buscan.
En un bar, en los flippers,
en los minutos de descanso de la oficina,
entre dos clases de gramática,
en clase media, en barrios
vigilados se buscan.

¿Habrá en la tropa?
¿En los balnearios, en los baños
públicos que han comenzado a construir?
¿En los certámenes de versos?
¿En los torneos de minifútbol?
¿Bajo el sol quieto?
¿A solas con su lengua?
¿A solas con una idea repetitiva?
¿Con gente?
¿Sin amor?

No es el fin de la historia,
es el comienzo de la histeria lingual.

Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.
Falsifiquemos el deseo:
Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,
que me acarices con sus ripios,
que me turbes la mente con otra idea banal,
y que me bañes todo con la trivialidad del medio.

Y en medio del camino, en el comienzo
de la comedia terrenal, quiero vivir
la necedad y la necesidad
de un sentimiento falso.

Se necesitan nuevos sentimientos,
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas
propuestas para el cambio, causas
para temer, para tener,
aquí en el sur.

Y arriba España es un panal
de hormigas orientales:
rumanas, tunecinos,
suecas a la sombra de un Rey.

Riámonos del Rey.
De su fealdad.
De su fatalidad.
De Su Graciosa Realidad.
La realidad es un ensueño compartido.
La realidad de España
es su filosa lengua pronunciando la eñe
y su mojada espada pronunciando el orden
del capital y la sintaxis.

¡Ay, lengua:
aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,
suturada de chips, y cubre
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!


Rodolfo Fogwill (1941 - 21 de Agosto de 2010)

martes, 17 de agosto de 2010

(In)quietud

Y vos...


¿Me prestarías tu cama para que mis ojitos descansen?


lunes, 26 de julio de 2010

La noche

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.


Eduardo Galeano
(De "El libro de los abrazos")

martes, 20 de julio de 2010

A little help from my friends

Ustedes ya saben... no les voy a decir nada más que ¡GRACIAS!



Que la uruguaya mas linda con sus estrellas bonitas, que el muchacho de las anécdotas graciosas y que la señorita mas mala de todas, hayan vuelto a escribir me alegra muchísimo.

También me alegra que éste blog haya comenzado, que éste otro siga creciendo a pasos agigantados y que Cosme Fulanito siga deleitandome con su prosa.

Y por supuesto mucho más.

Gracias a todos y a cada uno.

Como dijo Castelo en éste post: "Comencemos por ser buenos y leales amigos, y el resultado no será otro que tener algunos amigos, que no serán bastantes, pero para un enemigo serán demasiados"

martes, 6 de julio de 2010

Mama no sabe por qué me late el corazón...

Argentina 0 - Alemania 4

Ahora es el momento en que la mayoría aprovecha para criticar, en que los "hubiera o hubiese" pasan a ser los actores principales, sería fácil y simple ponerme en ese lugar, pero por más que quiera no puedo.
Elijo ubicarme como les dije en este post en la vereda de D10S, con todos sus defectos, todos sus errores y con sus escasas virtudes.

¿Qué? ¿Qué no tendría que cantar hoy? Sé que a mis nietos y a todo aquel que me pregunté le podré decir: "Ho visto Maradona"

martes, 29 de junio de 2010

Este loco diez bajito, llenó de risas la tierra...

Argentina 3 - México 1

¿Qué me van a decir? ¿Qué el primer gol fue off-side? ¿Qué el segundo gol fue un error de Osorio, el defensor mexicano? ¿Qué Carlos Tevez metió un gol de otro partido?

Bueno, tienen razón.
Ustedes sigan hablando, que yo sigo cantando. Creo que esta es una de las mejores letras que escuché.




Y México, volver volver volver para el Zócalo, otra vez...

jueves, 24 de junio de 2010

Porque el mundo es una bola que se vive a flor de piel...

Argentina 2 - Grecia 0.

Una combinación exquisita entre jugadores y cuerpo técnico.

D10S dispuso siete cambios con respecto al equipo titular, y dejó a Messi en la alineación inicial.
D10S decidió que faltando media hora para que termine el partido entrase Di Maria en lugar de Maxi Rodriguez.
D10S optó por sacar a Agüero y mandar a la cancha a Pastore.
D10S le dijo al Titán: "Faltan diez minutos, vamos ganando uno a cero. Jugate la vida. Entrá y definilo".

Entre dioses, titanes y santos se entienden. Y lo bien que lo demuestran.

Y no puedo dejar de cantar...

jueves, 17 de junio de 2010

Un guante en el pie izquierdo

Argentina 4 - Corea del Sur 1. Ese hombre me sigue demostrando porque es el más grande, por las alegrias que le da al pueblo y por su arte también...

Y otra vez me voy cantando.



lunes, 14 de junio de 2010

Pelusa no se lo que quieren de vos...

Argentina 1 - Nigeria 0

Mientras que espero que el Señor X, Puck o NaturalMystic hagan una reseña sobre el partido inaugural de la selección argentina de fútbol, sigo disfrutando de esta canción...

jueves, 10 de junio de 2010

Me van a tener que disculpar...

... pero no puedo, mal que le pese a mi amiga Kiú, alejarme del mundial de fútbol. Les aviso que Aburrido Peligroso esta a favor de Diego Maradona, se los aviso ahora que el mundial aún no comenzó, elijo ubicarme en esa vereda, con todo lo que eso implica. Podría darles mil razones del por qué de mi elección, pero Eduardo Sacheri, lo explica mucho mejor en el texto que les presento a continuación...

Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones aceptadas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, siempre con la misma idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.
Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el solo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ahí intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la lógica.
Pero me van a tener que disculpar, señores. Hay un tipo con el que no puedo. Y ojo que lo intento. Me digo: no puede haber excepciones, no debe haberlas. Y la disculpa que requiero de ustedes es todavía mayor, porque el tipo del que hablo no es un benefactor de la humanidad, ni un santo varón, ni un valiente guerrero que ha consolidado la integridad de mi patria. No, nada de eso. El tipo tiene una actividad mucho menos importante, mucho menos trascendente, mucho más profana. Les voy adelantando que el tipo es un deportista. Imagínense, señores. Llevo escritas doscientas sesenta y tres palabras hablando del criterio ético y sus limitaciones, y todo por un simple caballero que se gana la vida pateando una pelota.
Ustedes podrán decirme que eso vuelve mi actitud todavía más reprobable. Tal vez tengan razón. Tal vez por eso he iniciado estas líneas disculpándome.
No obstante, y aunque tengo perfectamente claras esas cosas, no puedo cambiar mi actitud. Sigo siendo incapaz de juzgarlo con la misma vara con la que juzgo al resto de los seres humanos. Y ojo que no sólo no es un pobre muchacho saturado de virtudes. Tiene muchos defectos. Tiene tal vez tantos defectos como quien escribe estas líneas, o como el que más. Para el caso es lo mismo. Pese a todo, señores, sigo sintiéndome incapaz de juzgarlo. Mi juicio crítico se detiene ante él, y lo dispensa.
No es un capricho, cuidado. No es un simple antojo. Es algo un poco más profundo, si me permiten calificarlo de ese modo. Seré más explícito. Yo lo disculpo porque siento que le debo algo. Le debo algo y sé que no tengo forma de pagárselo. O tal vez ésta sea la peculiar moneda que he encontrado para pagarle. Digamos que mi deuda halla sosiego en este hábito de evitar siempre cualquier eventual reproche.
El no lo sabe, cuidado. Así que mi pago es absolutamente anónimo. Como anónima es la deuda que con él conservo. Digamos que él no sabe que le debo, e ignora los ingentes esfuerzos que yo hago una vez y otra por pagarle.
Por suerte o por desgracia, la oportunidad de ejercitar este hábito se me presenta a menudo. Es que hablar de él, entre los argentinos, es casi uno de nuestros deportes nacionales. Para ensalzarlo hasta la estratosfera, o para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos. Los argentinos gustamos, al parecer, de convocar su nombre y su memoria. Ahí es cuando yo trato de ponerme serio y distante, pero no lo logro. El tamaño de mi deuda se me impone. Y cuando me invitan a hablar prefiero esquivar el bulto, cambiar de tema, ceder mi turno en el ágora del café a la tardecita. No se trata tampoco de que yo me ubique en el bando de sus perpetuos halagadores, nada de eso. Evito tanto los elogios superlativos y rimbombantes como los dardos envenenados y traicioneros. Además con el tiempo he visto a más de uno cambiar del bando de los inquisidores al de los plañideros aplaudidores, y viceversa, sin que se les mueva un pelo. Y ambos bandos me parecen absolutamente detestables, por cierto.
Por eso yo me quedo callado, o cambio de tema. Y cuando a veces alguno de los muchachos no me lo permite, porque me acorrala con una pregunta directa, que cruza el aire llevando específicamente mi nombre, tomo aire, hago como que pienso y digo alguna sandez al estilo de "Y, no sé, habría que pensarlo"; o tal vez arriesgo un "vaya uno a saber, son tantas cosas para tener en cuenta". Es que tengo demasiado pudor como para explayarme del modo en que aquí lo hago. Y soy incapaz de condenar a mis amigos al tórrido suplicio de escuchar mis argumentos y mis justificaciones para ellos.
Por empezar les tendría que decir que la culpa de todo la tiene el tiempo. Sí, como lo escuchan, el tiempo. El tiempo que se empeña en transcurrir, cuando a veces debería permanecer detenido. El tiempo que nos hace la guachada de romper los momentos perfectos, inmaculados, inolvidables, completos. Porque si el tiempo se quedase ahí, inmortalizando a los seres y a las cosas en su punto justo, nos libraría de los desencantos, de las corrupciones, de las ínfimas traiciones tan propias de nosotros, los mortales. Y en realidad es por ese carácter tan defectuoso del tiempo que yo me comporto como la hago. Como un modo de subsanar, en mis modestos alcances esas barbaridades injustas que el tiempo nos hace. En cada ocasión en la que mencionan su nombre, en cada oportunidad en la cual me invitan al festín de adorarlo y denostarlo, yo me sustraigo a este presente absolutamente profano, y con la memoria que el ser humano conserva para los hechos esenciales me remonto a ese día, al día inolvidable en el que me vi obligado a sellar este pacto que, hasta el presente, he mantenido en secreto. Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del que no debió moverse, porque era el exacto lugar en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí.
Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como ése. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos. Esa mañana habrá sido como todas. El mediodía también. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintidós tipos. Y otros millones de tipos comiéndose los codos delante de la tele, en los puntos más distantes del planeta.
Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es sólo un partido. Hay algo más. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustración acumulada en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el fútbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho más terrible, mucho más hostil, mucho más irrevocable. Pero a nosotros, a los de acá, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, estamos solos, porque somos pobres. Pero ahí está la cancha, el fútbol, y son ellos o nosotros. Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillación ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillación va a ser todavía más grande, más dolorosa, más intolerable. Vamos a tener que quedarnos mirándonos las caras, diciéndonos en silencio “te das cuenta, ni siquiera aquí, ni siquiera esto se nos dio a nosotros”. Así que están ahí los tipos. Los once tuyos y los once de ellos. Es fútbol, pero es mucho más que fútbol. Porque cuatro años es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacigüe la rabia. Por eso no es sólo fútbol.
Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va ese tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y, aunque sea, les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.
Hasta ahí, eso sólo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afanó primero. Y aunque lo que él te robó te duele más, vos te regodeás porque sabés que esto, igual, le duele. Pero hay más. Aunque uno desde acá diga “bueno, es suficiente, me doy por hecho”, hay más. Porque el tipo, además de piola es un artista. Es mucho más que los otros.
Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndose al calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero van sintiendo un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante. Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incrédulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar luego los ojos hacia el cielo. Y hace bien en mirar al cielo, porque no sé si sabe, pero ahí están todos, todos los que no pueden mirarlo por la tele ni comerse los codos.
Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable. Así que, señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que suponen debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque, ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por dejar que los ingleses tuvieran todavía los otros días de su vida para tratar de olvidarse de ese, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida, yo conservo el deber de la memoria…

miércoles, 2 de junio de 2010

Feliz más IVA

Bue, ya saben que hace 15 días cumplí años. Y por este medio quiero agradecerles a mis amiguitos fumados que me regalaron "Amapola del 66", si bien yo ya lo había adquirido no esperaba que me regalasen nada (finalmente lo cambie por dos libros, "Una realidad aparte" de Carlos Castaneda" y "El Fútbol a sol y sombra" de Eduardo Galeano)

Encima me dieron un tarjeta muy bonita. Así que nuevamente gracias a todos y cada uno de ustedes.

Gracias por hacerme reír tanto, ya les dije es muy entretenido y muy barato.

jueves, 20 de mayo de 2010

¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad?

¿Qué juramos, el 25 de mayo de 1810, arrodillados en el piso de ladrillos del Cabildo? ¿Qué juramos, arrodillados en el piso de ladrillos de la sala capitular del Cabildo, las cabezas gachas, la mano de uno sobre el hombro de otro? ¿Qué juré yo, de rodillas en la sala capitular del Cabildo, la mano en el hombro de Saavedra, y la mano de Saavedra sobre los Evangelios sobre un sitial cubierto por un mantel blanco y espeso? ¿Qué juré yo, en ese día oscuro y ventoso, de rodillas en la sala capitular del Cabildo, la chaqueta abrochada y la cabeza gacha, y bajo la cabeza abrochada, dos pistolas cargadas? ¿qué juré yo, de rodillas sobre los ladrillos del piso de la sala capitular del Cabildo, a la luz de los velones y candiles, la mano sobre el hombro de Saavedra, la chaqueta abrochada, las pistolas cargadas bajo la chaqueta abrochada, la mano de Belgrano sobre mi hombro?

¿Qué juramos Saavedra, Belgrano, yo, Paso y Moreno, Moreno, allá, el último de la fila viboreante de hombres arrodillados en el piso de ladrillos de la sala capitular del Cabildo, la mano de Moreno, pequeña, pálida, de niño, sobre el hombro de Paso, la cara lunar, blanca, fosforescente, caída sobre el pecho, las pístolas cargadas en los bolsillos de su chaqueta, inmóvil como un ídolo, lejos de la luz de los velones y candiles, lejos del crucifijo y los Santos Evangelios que reposaban sobre el sitial guarnecido por un mantel blanco y espeso? ¿Qué juró Moreno, allí, el último en la fila viboreante de hombres arrodillados, Moreno, que estuvo, frío e indomable, detrás de French y Beruti, y los llevó, insomnes, con su voz suave, apenas un silbido filoso y continuo, a un mundo de sueño, y French y Beruti, que ya no descenderían de ese mundo de sueño, armaron a los que, apostados frente al Cabildo, esperaron, como nosotros, los arrodillados, el contragolpe monárquico para aplastarlo o morir en el entrevero?

¿Qué juramos allí, en el Cabildo, de rodillas, ese día oscuro y otoñal de mayo? ¿Qué juró Saavedra? ¿Qué Belgrano, mi primo? ¿Y qué el doctor Moreno, que me dijo rezo a Dios para que a usted, Castelli, y a mí, la muerte nos sorprendá jóvenes?

¿Juré, yo, morir joven? ¿Y a quién juré morir joven? ¿Y por qué?

Andrés Rivera
(De "La revolución es un sueño eterno, 1987)

jueves, 13 de mayo de 2010

Hace un año...

... sí, hace exactamente un año les escribí esto.

Supongo que no debo escribir nada más, así que les agradezco de antemano en forma generalizada, pero luego lo hago, como de costumbre, en forma personalizada.

Solo queda divertirme porque nunca volveré a ser tan joven. Pero debo cuidarme, porque nunca he sido tan viejo...

jueves, 6 de mayo de 2010

Clickeala a Leonia

Un día mi amiga LEONIA me dijo algo así como:

"De la única forma que yo puedo casarme, es sí ochocientas mil personas me lo piden por feisbuck"

Y como yo quiero que se case, porque tanto ella como su Dorima me caen muy bien, decidí crear esta página.

Aparentemente si llegamos a un número considerable de "Fans", estamos invitados.

jueves, 22 de abril de 2010

Día de la Tierra

En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la Tierra y el tiempo.
Se enoja la tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla.
Cuando ella tiene sed, rompe la vasija y las derrama.

A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre la flores para que viva el niño; y para que viva el amor, los amantes entierran cabellos anudados.

La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos, que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje. Desde abajo de la tierra, los muertos la florecen.


Eduardo Galeano
(De "Memorias del fuego II", 1986)

martes, 13 de abril de 2010

Pachamama te veo tan triste...

...sin embargo, hay quienes resisten el avance de empresas petroleras, mineras, agroindustriales, madereras.

En Guatemala, se lucha contra la legislación de la minería ya que no se les consultó a las comunidades de los pueblos originarios.

En EEUU los indígenas se oponen a la minería de uranio que daña a “La gran abuela” (el Cañón del Colorado)

En el norte de Perú, el distrito de Tambogrande le dice NO a la mina que quiere instalar la empresa canadiense Manhattan.

El pueblo de Honduras exige que se apruebe una nueva Ley que prohiba la minería a cielo abierto y el uso del Cianuro.

En el municipio de Santa María de Pantasma, departamento de Jinotega, al norte de Nicaragua, las autoridades locales y los pobladores de la zona se manifiestan en contra de la explotacíon minera aduciendo que se destruirán la zona de 3 mil hectáreas de bosques.

La presidente de Costa Rica, Laura Chinchilla, se comprometió a prohibir la minería a cielo abierto, mediante una reforma a la ley.

En Chimborazo, Ecuador, cientos de manifestantes se movilizaron en defensa del agua.

En la ciudad de Esquel, en el noroeste de Chubut, en la patagonia argentina la Asamblea de Vecinos autoconvocados, desde hace mas de siete años, le dicen NO A LA MINA

En Andalgalá, Catamarca, el pueblo esta movilizado hace mas de tres meses, contra los emprendimientos mineros que quieren explotar esa región.

En Cafayate, Salta, la población se moviliza contra La Alumbrera YMAD

Porque el agua vale mas que el oro, los pobladores de la región de Atacama en Chile y de la provincia de San Juan, en Argentina le dicen No a Pascual Lama

La situación es parecida en el resto de América Latina: Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay, Venezuela...

Como dijo Hugo Blanco: "Las poblaciones indígenas, calificadas como las menos civilizadas, están en la primera fila en la defensa de la naturaleza y por lo tanto de la supervivencia de la especie.

Esas poblaciones, hoy día, aún aplastados por el capitalismo, están construyendo el tipo de organización social por el que nosotros luchamos. Para decirlo en las palabras del Subcomandante Marcos: “No se trata de tomar el poder, sino de construirlo”.

Si ven esto comprenderán que una tarea fundamental de los revolucionarios anticapitalistas, debe ser la solidaridad con las luchas indígenas en defensa de la naturaleza y en la construcción de la nueva sociedad"

Fuentes:
http://www.noapascualama.org/

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=103598

http://www.noalamina.org/

viernes, 19 de marzo de 2010

Mecánicos

Mi padre era muy malo al volante. No le gustaba que se lo dijera y no sé si ahora, en la serenidad del sepulcro, sabrá aceptarlo. En la ruta ponía las ruedas tan cerca de los bordes del pavimento que un día. indefectiblemente, tenía que volcar. Sucedió una tarde de 1963 cuando iba de Buenos Aires a Tandil en un Renault Gordini que fue el único coche que pudo tener en su vida. Lo había comprado a crédito y lo cuidaba tanto que estaba siempre reluciente y del motor salían arrullos de palomas. Me lo prestaba para que fuera al bosque con mi novia y creo que nunca se lo agradecí. A esa edad creemos que el mundo solo tiene obligaciones con nosotros. Y yo presumía de manejar bien, de entender de motores, cajas, distribuidores y diferenciales porque había pasado por el Industrial de Neuquén.

Antes de que me fuera al servicio militar me preguntó que haría al regresar. Ni él ni yo servíamos para tener un buen empleo y le preocupaba que la plata que yo traía viniera del fútbol, que consideraba vulgar. A mi padre le gustaba la ópera aunque creo que nunca conoció el Teatro Colón. Venía de una lejana juventud antifascista que en 1930 le había tirado piedras a los esbirros del dictador Uriburu, y conservaba un costado romántico. Cuando le dije que quería seguir jugando al fútbol, lo tomó como un mal chiste. Me aconsejó que en la conscripción hiciera valer mi diploma de experto en motores para pasarla mejor. Siempre se equivocaba: fue como centro-delantero que evité las humillaciones en el regimiento. Cualquiera arregla un motor pero poca gente sabe acercarse al arco. La ambición de mi padre era que yo conociera bien los motores viejos para después inventar otros nuevos. Igual que Roberto Arlt, siempre andaba dibujando planos y haciendo cálculos. Una tarde en que me prestó el Gordini para ir al bosque me anunció que al día siguiente, aprovechando sus vacaciones, lo íbamos a desarmar por completo para poder armarlo de nuevo.

Yo no le hice caso pero el se tomó el asunto en serio. En el fondo de la casa tenía un taller lleno de extrañas herramientas que iba comprando a medida que lo visitaban los viajantes de Buenos Aires. Como no podía pagarlas, los tipos entraban de prepo al taller, se llevaban las que tenía a medio pagar y de paso le dejaban otras nuevas para tenerlo siempre endeudado. Había algunas muy estrambóticas, llenas de engranajes, sinfines, manómetros y relojes, que nadie sabía para que servían.

A la madrugada dejé el coche en el garaje y me tire en la cama dispuesto a dormir todo el día. Pero a las seis mi viejo ya estaba de pie y vino a golpear a la puerta de mi pieza. Mi madre no me permitía fumar y el entrenador tampoco, así que cuando me ofrecía el paquete yo sonreía y lo seguía por el pasillo poniéndome los pantalones. Caminaba delante de mí, medio maltrecho, y lo sorprendía que yo pudiera saltar un metro para peinar la pelota que bajaba del techo y meterla por la claraboya del taller.

-Sos un cabeza hueca-me decía.

Se reía con Buster Keaton y leía La Prensa, que le prestaba un vecino. Tal vez había envejecido antes de tiempo o quizá se enamoró de una mujer intocable en uno de esos pueblos perdidos por donde nos había arrastrado. Nunca lo sabré. Mi madre ha perdido la memoria y apenas si recuerda el día en que lo conoció, ya de grande, en las barrancas de Mar del Plata.
Me miró y dijo: "Vamos a desarmar el coche. Después, cuando lo volvamos a armar, no nos tiene que sobrar ni una arandela, así aprendés". Era un día feriado, sin fútbol ni cine. Hacía un calor terrible y a mediodía el cura del barrio se presentó a comer gratis y a ver televisión. Pero antes de que llegara el cura mi padre me pidió que eligiera por donde empezar. Parecía un cirujano en calzoncillos. Sudaba a mares por la piel de un blanco lechoso que yo detestaba. Al agacharse para aflojar las ruedas del Gordini se le abría el calzoncillo y las bolsas rugosas bajaban hasta el suelo grasiento. Puso tacos de madera bajo los ejes y empezó a sacar tornillos y tuercas, bujes y rulemanes, grampas y resortes. A mí me daba bronca porque creía que nunca más iba a poder llevar a mi novia al otro lado del río y entre los árboles.

Igual ataqué el motor con una caja de llaves inglesas, francesas y suecas. A mediodía, cuando el cura asomó la cabeza en el taller, ya teníamos medio coche desarmado. Los dos estábamos negros de aceite y habíamos perdido por completo el control de la operación. Mi padre había desmontado todo el tren delantero, la tapa del baúl, el parabrisas, y asomaba la cabeza por abajo del tablero de instrumentos. Atrás, yo había sacado válvulas y culatas y trataba de arrancar el maldito cigueñal. De vez en cuando mi viejo gritaba "Carajo, qué mal trabajan los franceses!" y arrojaba el velocímetro sobre la mesa mientras arrancaba con furia el cable del cebador. El cura nos miraba perplejo con un vaso de vino en una mano y la botella en la otra y de pronto le preguntó a mi padre cuántas cuotas llevaba pagadas. Ahí se hizo un silencio y el otro casi se pierde los tallarines gratis:

-Doce- le contestó de mal humor mi viejo, que era devoto de cristos y apóstoles . Y con la ayuda de Dios todavía tengo que pagar otras veinticuatro.

Tardamos tres días para convertir al Gordini en miles y miles de piezas diminutas y tontas desparramadas sobre la mesada y el piso. La carcasa era tan liviana que la sacamos al patio para lavarla con la manguera. La segunda tarde mi madre nos desconoció de tan sucios que estábamos y nos prohibió entrar a la casa. Dormíamos en el garaje, sobre unas bolsas, y allí nos traía de comer. Vivíamos en trance, convencidos de que un técnico diplomado en el Otto Krause y un futuro conscripto de la Patria no podían dejarse derrotar por las astucias de un ingeniero francés. Fue entonces cuando mi padre decidió comprimir el motor y aligerar la dirección para que el coche cumpliera una performance digna de su genio. Hizo un diseño en la pared y me preguntó, desafiante, si todavía pensaba que el fútbol era mas atrayente que la mecánica. Yo no me acordaba cual pieza concordaba con otra ni qué gancho entraba en qué agujero y una noche mi padre salió a buscar al cura para que con un responso lo ayudara a rehacer el embrague. Al fin, una mañana de fines de febrero el coche quedó de nuevo en pie, erguido y lustroso, más limpio que el día en que salió de la fábrica. Lo único que faltaba era la radio que el cura nos había robado en el momento del recogimiento y la oración.

Le pusimos aceite nuevo, agua fresca, grasa de aviación y un bidón de nafta de noventa octanos. Hacía tiempo que mi padre había perdido los calzoncillos y se cubría las vergüenzas con los restos de un mantel. Mi novia me había abandonado por los rumores que corrían en la cuadra y mi madre tuvo que lavarnos a los dos con una estopa embebida en querosene. En el suelo brillaba, redonda y solitaria, una inquietante arandela de bronce, pero igual el coche arrancó al primer impulso de llave. Mi padre estaba convencido de haberme dado una lección para toda la vida.

Adujo que la arandela se había caído de una caja de herramientas y la pateo con desdén mientras se paseaba alrededor del Gordini, orgulloso como una gallo de riña. Después me guiñó un ojo, subió al coche y arrancó hacia la ruta. A la noche lo encontré en el hospital de Cañuelas, con un hombro enyesado y moretones por todas partes.

-Andá-me dijo-. Presentate al regimiento como mecánico, que te salvas de los bailes y las guardias.

Ese año hice mas de veinte goles sin tirar un solo penal. Por las noches leía a Italo Calvino mientras escribía los primeros cuentos. Mi viejo sabía aceptar sus errores y cuando publiqué mi primera novela, y me fue bien, se convenció de que en realidad su futuro estaba en la literatura. Enseguida escribió un cuento de suspenso titulado La luz mala, que inventó de cabo a rabo. Como Kafka, murió inédito y desconocido de los críticos. Por fortuna para el su único enemigo, grande y verdadero había sido Perón.

Osvaldo Soriano

(De "Cuentos de los años felices", 1993)

jueves, 11 de marzo de 2010

Perdón Señor Munch

Creo que es hora de intentar explicar que catzo tiene que ver "El grito" de Munch en este blog, para de esa forma apaciguar las quejas de La Fox, también las de Frau Eva, y seguramente también las de Naty sin S.



Seguramente el sentido que yo le doy al Grito difiere mucho del que le dió el Sr Munch. Mi explicación o el sentido por el cual esta bella obra acompaña a mi blog, parte de Holloway, autor que tuve que leer hace un tiempo. Este buen hombre plantea, entre otras cosas, la posibilidad de cambiar al mundo sin tomar el poder, tomando como ejemplo el levantamiento zapatista en México.



Holloway lo hace por intermedio del concepto de GRITO, pero no como un grito de rabia o de enojo, sino como esperanza. El grito entonces esta vinculado al poder hacer, y no significa nada sin el hacer.

Hace algo es negar ese estado de cosas que ya esta establecido. Por eso mismo, el grito es el comienzo en un mundo que nos niega, el grito nos trasciende, nos empuja a un hacer.

Este hacer, este crear algo que aun no existe, este grito implica movimiento; este movimiento es social y la condición previa del flujo social es el hacer de los otros, en definitiva, el hacer colectivo. Aunque, desde luego, no se puede definir de manera absoluta, donde termina el hacer de cada uno, y donde empieza el hacer de cada uno.


Uno grita cuando esta aburrido.

Uno grita cuando quiere decir algo.

Uno grita cuando quiere ser escuchado.

Ese grito, ese hacer algo, ese negar lo establecido para poder cambiarlo.

Y desde luego, ese grito, mi grito, tu grito, al igual que el del Sr. Munch, tiene algo angustioso y existencial.

viernes, 12 de febrero de 2010

¿Qué pasa conmigo hoy?

No digo que estoy sin laburo o sin trabajo o desempleado o desocupado, tampoco digo estoy en paro ni parado. Ni siquiera entro en la categoría de parásito o vividor.

Simplemente, como dijo el muchacho de la barba, soy ejército industrial de reserva.

Bueno, acepto ofertas laborales.

jueves, 4 de febrero de 2010

Un año mas, un año menos

Aburrido Peligroso cumplió un año. Luego de algunos vaivenes he decidido mantenerlo con vida.

Me llegaron miles de mails (Bueno, ¿me creerian si digo un par?) de señoritas que indagaban acerca del paradero de la persona que escribió este post y que nos hizo estas recomendaciones, así que, con motivo de mi cumpleblog, les traigo otro texto de él.

Ayer ví a Ludmila. Estaba tan bella como la última vez, hasta podría decir que había un brillo nuevo en su cuerpo. Por supuesto, me hice cargo de esa luminosidad, sabiendo, con la mayor de las certezas, que cualquier beneficio en su persona, provendría de cualquier otro. La miré como quien mira a la persona que despertó a su lado en más de una oportunidad. Como se mira a aquella persona que conociste en un bar le invitaste un trago y, con la mayor de las paciencias escuchaste su largo discurso sin chistar, cuando en realidad lo que más querías era rozar sus labios de la manera más sensual para luego entrar en otros terrenos. Ella me miró como quien mira a aquel que, por algún motivo, tendrías mas ganas de escupir que de abrazar.

Cuando estaba por pasar a mi lado la tomé del brazo
- Veo que no me olvidaste- le dije.
- Lo intento todos los días- dijo ella
- Hay personas imposibles de olvidar. Sé que lo que pasamos nos marcó para siempre.
- Por eso voy al psiquiatra- Me dijo asqueada
- No hace falta terapia. Yo siempre estoy para vos, te voy a dar una nueva oportunidad.
- Yo te dejé- me dijo mientras la vena de su frente se inflamaba.
- Veo el arrepentimiento en tu rostro
- No es arrepentimiento, es vergüenza.
- No te avergüences, todos cometemos errores.
- Por eso me quiero ir-. Cuando terminó de decir esto, me dio un pisotón con el taco del zapato y huyo despavorida.

No es algo que me preocupe mucho, seguramente mañana la cruzo de nuevo por casualidad. A las 17:30 en Marcelo T. de Alvear y Junin. Allí estaré, para darle una nueva oportunidad.


Si quieren leer mas textos de esta persona, les recomiendo que visiten su blog No more (Y dejenle algún comentario)
Desde luego su prosa es mucho más atractiva que la mia, así que dense una vuelta por allá y si luego quieren, pueden volver a leer las giladas que escribo cada tanto.

sábado, 23 de enero de 2010

Heroe de la sensibilidad

A veces me pasa que no encuentro las palabras justas para decir en el momento apropiado. Esta es una de esas veces. Entonces como no se que decir (ni que escribir), los invito a que disfruten esto, él tiene una voz muchisimo mas linda que la mía, y una prosa envidiable y admirable.

Lo único que yo puedo decir es:

!!!!!FELIZ CUMPLEAÑOS FLACO!!!!!


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Luis Alberto Spinetta (23 enero 1950)

martes, 19 de enero de 2010

Ay Gitano ¿Por qué te vas?

El 04 de enero de este año falleció Sandro.

No voy a decir nada acerca de su vasta obra, o acerca de la cantidad de personas que se conocieron gracias a su música, o de la cantidad de mujeres que le revolearon su ropa interior, o si sus herederos, producto de esto último, van a ponerse una lencería.

Solo espero que sirva para darnos cuenta de dos cosas:

1) La importancia de ser donante de órganos. De acuerdo al INCUCAI, a las 23:01 del 19-01-2010, hay 5911 pacientes en espera, 36 transplantes en este año y solo 16 donantes reales.

¿Una vez firmada el acta, se puede cambiar de opinión? El acto de donar es libre y voluntario. Siempre se puede cambiar de opinión.

2) No importa cuan famoso seas o cuanta plata tengas, la nicotina te mata.


Mención especial para la gente de Clarin que para el 21 de noviembre de 2009, tenía esto preparado. Periodismo de anticipación que le dicen.

Este es mi pequeño homenaje. Esa noche yo estaba ahí. El sonido no es el mejor, pero el pogo fue de lo mas lindo.

martes, 12 de enero de 2010

¿Adónde fuiste?...¿Adónde fuiste?

"Nos dábamos con todo; si no me iba, me moría. Pasé por una situación difícil en un show, un susto que fue determinante. Pero quedó todo bien. Me acuerdo que una de las últimas veces que lo vi a Luca, me puso la mano en el hombro y me dijo: Alejandro, vos sos un Sumo."





“Además de planificar cosas necesito vivir, y aunque ver a una multitud me pone la carne de pollo, no me interesa saber cuánta gente viene a un recital, sino hacer un buen show”.





Alejandro "Bocha" Sokol (30 enero 1960 - 12 enero 2009)

Como dijo mi amigo Lio: "Me dejaste huérfano de banda"

Les dejo esto y esto. SIMPLEMENTE GRACIAS BOCHA