martes, 22 de diciembre de 2015

San Jauretche

Asesorarse con los técnicos del FMI (Fondo Monetario Internacional) es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador escrito por el almacenero.

Arturo Jauretche

viernes, 18 de diciembre de 2015

Fijate de que lado de la mecha te encontrás

¿Ahora me vienen a hablar de hermandad? ¿De unión de todos los argentinos? ¿De tolerancia? ¿De respeto?

Se pasaron doce años puteando al gobierno (y a los militantes) desde todos los ángulos. Nos dijeron "chorros", "vagos", "que íbamos por el chori y la coca", dijeron que Cristina era bipolar y Maximo drogadicto, dijeron que La Campora tenia armas escondidas esperando para usarse, hace un par de días dijeron que Cristina llamó a Maduro para que armase a La Campora, dijeron que Nestor no estaba en el cajón, que estaba en alguna isla del caribe, dijeron que no se había muerto, dijeron que lo mató Cristina, dijeron que Máximo solo servia para jugar a la play, dijeron que nos pagaban un sueldo por "militar en facebook", dijeron que nuestras convicciones eran pagas, dijeron que hacíamos campaña del miedo, dijeron que Vatayón sacaba presos para llevarlos a actos, dijeron que los actores que apoyaban a este gobierno lo hacían porque recibían un subsidio, dijeron que solo eramos aplaudidores, nos dijeron focas, dijeron que Cristina no iba a terminar el mandato, dijeron que iba a volver hecha una planta, dijeron que se moría antes de las elecciones, dijeron que eramos ñoquis, negros y que merecíamos sufrir, dijeron que Cristina era yegua, terca, bruta, soberbia, testaruda, que se acostaba con éste o con aquel, dijeron que los nietos recuperados y los genocidas condenados eran un curro, dijeron todo lo que quisieron decir y más también. Y ahora resulta que porque ganaron una elección presidencial (democraticamente ganada) ¿tenemos que olvidarnos de todas las ofensas y trabajar juntos porque vino un tipo con un discurso de pastor evangelista entonces todos debemos creerle, tomarnos de la mano y cantar "All you need is love" y cerrar esa "grieta"?

¿Saben qué? A mi me gusta que exista esa grieta. Si, me gusta que exista esa grieta entre y tipos y minas que creen que los DDHH son un curro y muchos otros que pensamos que tienen que ser una política de estado central. 

Yo quiero estar lejos de esa gente que trae a tipos y a minas a cargos públicos porque les deben favores como ser Avila en politicas universitarias, o el marido de Mariana Fabiani que vaya al frente de canal 7. 

Me gusta estar en la vereda opuesta de la economía de libre mercado que va a abrir las importaciones y se va a cagar en la industria nacional, porque no se va a poder competir de igual a igual con los productos extranjeros. 

Prefiero estar lejos de minas y tipos que dicen que estamos en una dictadura, que denunciar fraude cuando los resultados de las elecciones no son como ellos pretenden y se quedan callados cuando les favorecen. Elijo estar lejos de los que no respetan la voluntad popular.

Adoro estar del otro lado de periodistas que se hacen llamar independientes pero que defienden a los grandes medios económicos que tan mal le hicieron a éste país. 

Me gusta estar lejos de esos que dicen que la AUH se va por la canaleta del juego y de la droga.


Y como leí por ahí y adhiero cien por cien:

"A mí me gustan las grietas que separan lo claro de lo oscuro, lo árido de lo fértil, lo individual de lo colectivo, el amor del odio, lo cálido de lo frío, la verdad con errores pero humilde de la hipocresía. Me gustan las grietas además, porque he visto muchas veces, crecer florcitas obstinadas y hermosas, entre las grietas más tristes de los muros más altos y las zanjas más feroces. No me vengan con estar todos unidos. Yo no odio. Los que me conocen saben que no odio. Pero nunca voy a estar de ese lado de la orilla de los que sí odian porque se sienten asustados o superiores.
Unanse ustedes, y si quieren, cambien. 
Todo lindo, cada uno en su orilla"

miércoles, 14 de octubre de 2015

Postrimerias

Cuando entró en el edificio, buscó las escaleras, para subir. Encontrarlas era difícil. Preguntaba por ellas y algunos le contestaban: "No hay". Otros le daban la espalda. Acababa siempre por encontrarlas y por subir otro piso. La circunstancia de que muchas veces las escaleras fueran endebles, arduas y estrechas, aumentaban su fe. En un piso había una ciudad, con plazas y calles bien trazadas. Nevaba, caía la noche. Algunas casas -eran todas de tamaño reducido- estaban iluminadas vivamente. Por las ventanas veía hombres y mujeres de dos pies de estatura. No podía quedarse entre esos enanos. Descubrió una amplia escalinata de piedra, que lo llevó a otro piso. Éste era un antecomedor, donde mozos, con chaqueta blanca y modales pésimos, limpiaban juegos de té. Sin volverse, le dijeron que había más pisos y que podía subir. Llegó a una terraza con vastos parques crepusculares, hermosos, pero un poco tristes. Una mujer, con vestido de terciopelo rojo, lo miró espantada y huyó por el enorme paisaje, meciéndose la cabellera, gimiendo. Él entendió que cuantos vivían allí estaban locos. Pudo subir otro piso. En una arquitectura propia del interior de un buque en la que abundaban maderas y hierros pintados de blanco, halló una escalera de caracol. Subió por ella a un altillo donde estaban los peroles que daban el agua caliente a los pisos de abajo. Dijo: "Sobre el fuego está el cielo" y, seguro de su destino, se agarró de un caño, para subir más. El caño se dobló; hubo un escape de vapor, que le rozó el brazo. Esto lo disuadió de seguir subiendo. Pensó: "En el cielo me quemaré". Se preguntó a cuál de los horribles pisos inferiores debería descender. En todos él se había sentido fuera de lugar. Esto no probaba que no fuese la morada que le correspondia, porque justamente el infierno es un sitio donde uno se cree fuera de lugar.


Adolfo Bioy Casares. (De "Guirnalda con amores")



viernes, 2 de enero de 2015

Los Justos

Un hombre que cultiva un jardín como quería Voltaire

El que agradece que en la tierra haya música

El que descubre con placer una etimología

Dos empleados en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez

El ceramista que premedita un color y una forma

Un tipógrafo que compone bien esta página que quizás no le agrada

Un hombre y una mujer que leen los tercetos finales de cierto canto

El que acaricia a un animal dormido

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho

El que agradece que en la tierra haya Stevenson

El que prefiere que los otros tengan razón

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.




Jorge Luis Borges

jueves, 3 de abril de 2014

El gato loco

Lo he calumniado. Le he llamado el gato loco; he dicho que necesitaba un psiquiatra. Me he burlado de él torpemente.

En cuanto empieza a oscurecer, mientras la gata se acomoda en los sillones de la sala, el gato bizco comienza su ronda nocturna: da doce o quince vueltas alrededor, dentro de mi cuarto, pegado a las paredes, debajo de la cama, detrás del buró, con un itinerario fijo e insistente; luego sale al patio y se pasa toda la noche, pero toda la noche, dando vueltas y vueltas, maullando lastimeramente, a un ritmo preciso, como buscando algo, alguien, tenazmente. El paso es veloz, su actitud alerta, inquisitiva. A las siete de la mañana, más o menos, se viene a dormir. 

Y así todos los días.

Me preguntaba si se sentía prisionero, angustiado o qué. Hoy me he dado cuenta que es sólo un oficio: él patrulla la casa contra fantasmas, malas vibraciones y extraterrestres.

De aquí en adelante lo llamaré el patrullero de la noche, el vigilante del amanecer.


Jaime Sabines. Poemas sueltos.


martes, 28 de enero de 2014

Mientras tanto el hombre se convierte en U

Antojábasele que toda existencia se asentaba en la dualidad, en los contrastes; se era mujer u hombre, vagabundo o burgués, razonable o emotivo; en ninguna parte era posible, a la vez, inspirar y espirar, ser hombre y mujer, gozar de libertad y de orden, guiarse por el instinto y por el espíritu, siempre había que pagar lo uno con la pérdida de lo otro y siempre era tan importante y apetecible lo uno como lo otro.


Hermann Hesse (Narciso y Goldmundo, cap XVI)